Martes. Primer día de trabajo. La noche anterior fue interesante: Me dormí como a las 10pm, pero antes pregunté a Daniel la hora a la que nos levantaríamos, “5:30, primo”. Dije que pondría mi alarma, dijo que estaba bien, pero que de cualquier manera Valente vendría a despertarnos porque él no sabe cómo ponerla en su celular. Preparé mi maleta para irme al otro día, no podía seguir ahí. Si no encontraba otro lugar me regresaría en cuanto llegara Uvilialdo. Como a las 3am Daniel se levantaba al baño, segundos después escuché cómo pujaba y evacuaba, está enfermo. Entre mi almohada y la taza del baño hay menos de un metro y una puerta podrida de aglomerado. Sentí que me cagaba encima. La sensación es indescriptible. El despertador sonó a la hora programada, desperté a Daniel, nos levantamos y se extrañó de que Valente no nos hubiera hablado ya. Terminé de empacar y subí la maleta al carro. Valente salió de su casa con una taza de sopa a las 5:50am, lo siguió Esperanza quien con una sonrisa nos explicaba que se quedó dormida.
A la mitad del camino Valente vio la maleta y preguntó “¿y eso qué?”, le expliqué y comenzó a chantajearme (me dio todo lo que pudo, podía conseguirme una computadora, los pasa es que yo ando buscando comodidades, es que debería de tener cuidado con Chuy).
Llegamos a la deshidratadora y la primera tarea del día fue apilar tablas con chabacanos que habían estado asoleándose algunos días. Miden 1 X 2 metros y han de pesar unos 20kilos, hay que hace pilas de 25 sobre unos carros de metal. Primero trabajé con Daniel pero había otras 2 parejas, en una de ellas estaba Valente, quien desde que hubo más personas además de Daniel y yo, comenzó a tirarme carrilla, gacha.
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| Las tarimas de chabacano tendidas al sol |
A las 9am es el primer break o quebrada, son 15 minutos y es cuando se hace la comida fuerte. Fui por medio paquete de suavicremas al carro y al comedor a buscar a Chuy. Ahí le expliqué la situación y me dijo que sí me podía quedar con él, pero que desde el fin de semana llegaría otro amigo que se quedaría en la sala. Le dije que no tenía problema. Cuando vio que sólo llevaba las galletas me dio la mitad de su lonche, otra señora me regaló un taco de frijoles, compré una coca.
Seguí estibando tarimas hasta las 12pm, hora del lonche. Esta vez trabajé con Moisés, un chavo de 21 años, chicano, hijo de la doña que me dio el taco. Va al Reedley College y estudia mecánica diesel pero quiere cambiarse a justicia criminal. En el lonche estuve solo, comí las últimas galletas marías con crema de cacahuate, después me tocó raspar las tarimas que llegan a la línea (explicaré esto con más detalle, pero es una chinga), ahí estuve hasta las 2:30pm, cuando termina el día. Daniel fue mi compañero y lo hice chambear de más.
Se acabó el día y mientras Valente seguía canturreando lo nena que soy, tomé mi maleta y le avisé a Jorge, el jefe, que me iba con Chuy. En un Malibu color arena vamos 5: Imelda, la raitera; otra señora joven, la copiloto; Chuy, Doña Mary y yo en el asiento de atrás. Doña Mary veía mis manos y me decía que las tenía de ‘nuestro señor jesucristo’, que me pusiera crema. Imelda nos dejó en casa de la copiloto y ahí tomamos la camioneta de Chuy, algo así como una Dodge Durango versión gabacha. A unas cuadras dejamos a Doña Mary en su casa y fuimos al supermercado, Chuy, quien me pidió que le llamara Luis me hablaba de Fresno.
Llegamos y sentí que era la primera vez que estaba en una tienda, me sorprendió ver gente, ver comida, aire acondicionado, luz artificial. Es impactante cómo el comercio se ha impuesto en nuestras vidas, desde ese momento “mercado” es más que la tiendita, es uno de los nudos de la comunidad. Compramos poco pero a mis ojos parecía demasiado, Luis no me dejó pagar, quedamos de hacer cuentas cuando me pagaran. Llegamos a su departamento y cuando entré me conmoví peor me hice el bravucón. Lo tiene sumamente limpio y ordenado, me sorprendió el blanco de las paredes y el aire de un lugar pequeño y encerrado que no olía a mierda.
Preparó pollo al chipotle, le ayudé un poco (antes me bañé, el baño también me conmovió) y comí como campeón. En algún momento de la tarde fuimos a lavar unas cobijas que me servirían como cama, la lavandería era de unos camboyanos que hablan poquito español. Luis me platicaba que al principio era difícil ser gay en ese trabajo, de hecho trabaja más o menos aislado de la mayoría de los hombres, sin embargo, dice que los fines de semana sale a cotorrear con los chavos de ahí, aunque sean derechos, se lleva muy bien con todos. También me platicó que algunas veces se ha vestido de mujer y que le gusta, que los chavos lo sacan a bailar aunque se note que es hombre. Tiene un novio, Heriberto, Heri, vivieron juntos un año, pero tuvieron problemas y él se regresó a vivir con su mamá. Llegó al depa en la noche, pero no lo escuché.
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| El baño |



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