Sábado. Tempranito a trabajar, me costó menos levantarme, llegué a la cocina antes que Luis, puse el agua para el café (por cierto, he estado tomando café soluble, pero me sabe de maravilla). Sigue pesándome salir de la casa cuando aún es de noche, la noche es para dormir o desvelarse, pero nunca para madrugar. Sin embargo puedo intuir que tiene sus ventajas, todavía no sé bien cuáles, pero seguro que las tiene, nunca podría acostumbrarme a despertar a las 4:30, pero ¿qué pasaría si en casa me levantara a las 6:30?
Me tocó trabajar con Juan, pero otro, uno que trabaja con las mujeres de adentro, en la empacadora. Tendrá unos 35 años, casi 2 metros de altura, casi 20 años en Fresno, una esposa, 3 hijas y mucha paciencia con los nuevos. Me estuvo ayudando a estibar las tarimas, revisaba cómo lo hacía y me aconsejaba cómo levantarla mejor, creo que no podré resolver la parte técnica hasta que tenga más fuerza. El llegó a Fresno sólo por un año para juntar una lana para comprar una camioneta, pero al final del año no le alcanzó y se quedó otro y otro y después uno más; cuando menos lo esperaba se dio cuenta de que tenía su vida hecha en Fresno, la cuestión, dice, “es que acá uno nomás se viene a trabajar, esa es la vida de uno, trabajar y trabajar”. Es de Jiquilpan y le parece terrible que la gente a las 8 de la noche ya tenga que estar guardada en su casa, si bien le gustaría regresar primero necesita que sus hijas ya estén mayores porque cuando todavía dependan de él no se las podría llevar, también esperará a que ya no pueda trabajar. Quiere comprar una casa en el campo porque vive en el West Side, que es un barrio exclusivo de negros en el que hay varias pandillas, “lo bueno es que el desmadre duro no está en su calle, sino en la de atrás”. En cuanto junte unos 7mil dólares aplicará para un crédito. Se acuerda de Guadalajara “como en sueños” de cuando estaba morro y llevaban a su papá al hospital civil viejo, la última vez lo llevaron al civil nuevo y fue a la catedral. Años después trabajó como pión albañil poniendo los baños del Hotel Azteca, por Plaza del Sol, le tocó estar allá durante el eclipse del 91.
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| Juan |
A las 11 despacharon a casi toda la gente porque habíamos terminado toda la fruta fresca, pero después echaron a andar la línea de raspado y mientras algunos despegábamos chabacanos otros cargaba higos al final de la línea. Al inicio me tocó raspar con Sonny, un indio de unos 30 años que es algo así como el supervisor, es muy amable, pero me dicen que es quien pasa los reportes a los jefes. Se supone que cada uno debe raspar media tabla, pero él raspaba 3 cuartos y me dejaba un pedazo mientras me daba consejos para hacerlo mejor, fue como una hora de entrenamiento antes del lunch. Raspar es una de las tareas más difíciles según me dicen, Sonny me dijo que era como en la películas de 300, en la que son 300 espartanos contra un millón, pues acá con 4 personas (dos de cada lado) contra millones de frutos secos aferrados a las tablas.
A la hora del lunch fueron 3 chavas familiares (supongo) de los dueños, tendrían unos 20 años e iban vestidas con ropa típica. Llevaban ollas llenas de comida india, los pusieron en el comedor y nos invitaron. En un momento pensé en lo raro que era estar del otro lado de la mesa, generalmente me había tocado ir a comunidades y llevar algo para comer o comer con ellos, pero ser yo el extraño que llegaba a ‘ayudar a los pobres’. Pero como tenía un chingo de hambre rápido se me olvidó, mientras todos comíamos, indios y mexicanos, las tres morras nos veían y hacían lo mejor por atendernos bien, nos ofrecían tórtilas, unos panes planos que parecían gorditas echas de masa de harina, supongo que aprendieron a decir ‘tortilla’ así como en Chiapas aprendí a decir vaj. Después del lonche me atacó una gastritis tremenda, como si me estuvieran perforando la boca del estómago. Tuve que volver a acomodarme en la raspadora y esta vez trabajaría con Moisés, ya tendría que encargarme de mi media tabla. Fui agarrándole la maña y si bien no fui el mejor pude hacer bien el trabajo. Trataba de esforzarme cuando veía a Sonny o Jorge cerca.
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| Prestadoras de servicio social |
Al salir Juan nos dio raite porque Imelda se fue a las 11, el llegó por unas cervezas, Luis y yo por gatorade. Tomamos el camino largo, por los files (fields) para que se pudiera echar su chela. Yo venía hundido en el cuero del asiento trasero de su Lincoln viejito. Después de tomar la camioneta de Luis fuimos a Homedepot y sacamos un duplicado de la llave de la casa, ahí me encontré a un bato con el que platiqué en una pasera con Uvilialdo, me reconoció y muy amable me preguntó en qué chambeaba y cómo me trataba Fresno, en cuanto vio a Luis terminó la conversación. Después fuimos a walmart, empezamos a buscar rastrillos y me sugirió que me fuera a ver los electrónicos, después supe que buscaría maquillaje. Cuando íbamos de salida nos encontramos a la esposa de su hermano, me la presentó y nos invitó a ir a una lancha, quedó de llamarnos.
En cuanto llegamos al depa llamó Erick al celular de Luis, quedó de pasar por mí en media hora para ir a lonchar. Me bañé rápido y para cuando estaba listo él iba llegando. Me invitó a un buffet de comida china, me puse tan buen atracón que olvidé la gastritis, terminé con un café negro, que para la digestión. Ahí me platicó que había estado en la cárcel, no entendí bien por qué. Estuvo alrededor de un año, me dice que están los blancos, los negros, los sureños, otra pandilla de mexicanos y los paisas, éstos últimos son mexicanos que no pertenecen a ninguna pandilla. “Si te quiebras, te chingan”, “ahí es donde se ve quién es hombre”. Me preguntaba por lo que hacía, he mantenido la mentira de que soy estudiante y que termino la carrera en diciembre, finalmente sigo yendo a clases a la universidad y terminaré en diciembre. ‘Ser estudiante’ es la llave que me ha abierto muchas puertas. Erick hablaba constantemente de La vieja, la mamá de su hija de dos años, se la pasaba quejándose de ella, que si no le gusta la banda, que si no quiere vestir bien a la niña, que si no quiere que le haga fiesta por sus cumpleaños, que no le preparó de comer hoy y por eso me invitó. Después fuimos al mall, fashion fair o algo así, ahí me colgué de la red de Starbucks y descargué varios programas para crackear la wep key de los vecinos. Después recorrimos el centro comercial entero, no compramos nada y a todas las tiendas a las que entrábamos se nos ponía detrás un ‘encargado’, definitivamente no nos veíamos como la mayoría de la gente que asiste. Entramos a la Mac Store y en una compu le mostré el robo en Nueva Jersey a otra tienda igual, todos los geeks encargados nos veían mal. Salimos y me dejó en el depa.
Llegamos y pensé que no habría nadie, pero estaba Luis encerrado en su cuarto, me preguntó si necesitaba entrar al baño, dije que no y me dijo aliviado que qué bueno, porque estaba arreglándose con otros 2 amigos. Estuve tratando de usar los programas que descargué pero Al poco tiempo llegó una pareja ‘derecha’ (straight) y yo decidí salir a buscar internet, supongo que a Luis le sigue dando pena que lo vea vestido de mujer. Encontré la única wifi sin contraseña del bloque de departamentos, me senté en el jardín y todos me veían extrañados, no quiero ir ahí todos los días para evitar problemas, varios de los vecinos no se ven muy amables. Mientras estaba sentado ahí continué descargando programas pero ninguno servía. Un pájaro me cagó en el brazo. Para cuando se acabó la batería decidí irme al depa, pasé pero seguía todo prendido, mejor salí a caminar. Como a media hora hay un lugar con muchos comercios, estuve revisando con el celular dónde hay señal wifi, supongo que la mejor opción será el subway, ya ansío estar ahí conectado. Pasé al super para rentar una película. Renté 127 horas, sin duda lo que pasé el fin de semana pasado es nada en comparación con lo que le tocó a este chavo.
Vi la película y me dormí.


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