Lunes. Igual que siempre pasamos por Doña Mary e Imelda pasó por todos en casa de Imelda. El día estuvo tranquilo, tirando y recogiendo tablas con chabacano al principio del día, raspando durazno más tarde. En el primer break desayuné en la tambo que ponen con lumbre, se desayuna a gusto ahí, tortillas calientitas y una olla en la que se revuelve todo lo que llevamos.
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| Desayuno |
Los que nunca faltan allá atrás son Chava, un carpintero hermano de Jorge (el mayordomo) y Pájaro, un señor de Aguascalientes que maneja un forlif (montacargas). También estaban Daniel y Valente, pero ellos sólo se echaron un taco y luego se fueron detrás de unos contenedores, supongo que para fumar. Mientras comíamos me preguntaron mi nombre, de dónde venía y todo eso, después Pájaro se me queda viendo y me advierte que será franco, después me dice “yo cuando te vi lo primero que pensé fue que ibas a valer verga, y más o menos estás valiendo, pero ahí andas todo madreado echándole ganas, eso es lo bueno, ya le irás agarrando”; después Chava comenta “la verdad es que todos tenemos derecho a la gordita (refiriéndose a la lana para comprar comida), a mí me gusta que haya de todo por acá, como aquel chino que acaba de llegar, vale verga en el trabajo y no habla el idioma de nadie, pero está bonito que haya así, gente de todos lados”. Después Luis me contó que Pájaro lleva trabajando en la planta desde que la abrieron y que él era el mayordomo, pregunté por qué ahora era Jorge, sólo me respondió que la vida da vueltas. Cuando le pregunté por chava sólo me dijo que no se lleva bien con Jorge.
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| Erick de azul; Jorge de morado |
A la hora del lunch fui al sitio donde estacionan sus carros Erick y Jorge, ahí estuve platicando con ellos, a esa hora ya no me da hambre. La media hora que dura el lonche es la que más rápido pasa. Después del Lunch trabajamos unos 20 minutos y de repente apagaron las máquinas comenzaron a decirnos que nos agrupáramos alrededor de una mesa de plástico que habían acomodado junto a la línea de corte.
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| Barbones |
Los indios tenían cara de saber qué pasaba y los paisas sólo nos mirábamos con incertidumbre que aumentó cuando llegaron 3 indios vestidos de blanco, turbante y barbas largas, venían cargando unos platones de acero inoxidable cubiertos de papel aluminio, los posaron sobre la mesa de plástico. Para entonces el ambiente se había vuelto muy solemne, además que estaban el dueño, su esposa y sus hijos; no se dejan ver muy seguido por ahí. El cuñado del dueño me hizo señas de que me pusiera mi gorra, pero yo llevo sombrero, no gorra, y se lo expliqué con señas, de alguna manera me dio a entender que tenía que cubrirme la cabeza así que amarré el paliacate con el que me limpio el sudor al estilo billetede50pesos. Y ahí estaba, desubicado de pie, como bailarín de fondo de Garibaldi que perdió el paso tratando de tomar una foto de lo que pasaba; mientras tanto uno de los barbones se sacó del pantalón una daga curva con una funda de planta e incrustaciones, la desenfundó y justo cuando creí que iba a ser testigo de una autoinmolación, destapó el recipiente más pequeño y lo hundió en agua.
Después mientras hacía oraciones lo metía en el recipiente más grande sin quitar la cubierta de papel aluminio, seguía orando y todos los indios, descalzos le respondían, al final se agachó, miró el recipiente luego al cielo, guardó el cuchillo y quitó el papel aluminio. Dentro había una pasta color café muy brillosa, hicieron bolitas y nos las dieron. Imitamos a los indios y nos las comimos con cara de serios, era una especie de mazapán enmantecado; ellos se untaron la manteca en las manos, nosotros nos limpiamos en los pantalones. Los indios dijeron algo para los indios y después nos regresaron a chambear.
Salí unos 5 minutos tarde y eché carrera para no hacer esperar a Imelda, en el camino me encontré a Doña Mary y le grité “córrale que nos dejan”, llegué a dónde debería estar el carro y había un grupo grande de gente, en eso veo a Lupita y me dice que nos han robado el carro. Busco a Imelda y está llorando, busco a Luis y lo veo corriendo a la oficina, volteo con Doña Mary y nos quedamos juntos y callados. Poco a poco se fue yendo la gente y llegaron la supervisora Bagüinda y el cuñado de la dueña, preguntaron los detalles, fingieron indignarse y se llevaron a Imelda a la oficina para que llamara a la policía. La patrulla llegó una hora después, vio las huellas de zapatos que había alrededor de donde estaba el carro y determinó que eran muchas.
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| Ahí no estaba el carro |
Después dijo que no era el primer reporte que había, que patrullaría más; hizo nada por una hora y se fue. No pudo levantar el reporte porque Imelda no sabía el número de placas. Juan, con el que trabajé el sábado, nos dio un ride a una gasolinera y ahí pasó el esposo de Imelda por nosotros. Apenas llegué a tiempo para echar una carrera al subway para hablar con Brenda por Skype. Ahí estuve un par de horas hasta que cerraron.





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