domingo, 17 de julio de 2011

Día 10 – Julio 07

Jueves. Desperté adolorido, muy adolorido. Suena la alarma de Luis y se levanta al momento y comienza a preparar todo lo de la jornada, yo no puedo carburar en frío.  Tercer día y comienza a parecer rutina. Despierto a las 4:30, salimos a las 5:00, pasamos por doña Mary y llegamos a casa de Lupita a las 5:20, salimos a las 5: 30. Pero hoy Imelda se quedó dormida, llegó a las 5:40; llegamos a la deshidratadora a tiempo.
Tiran carrilla, "el chef Oropeza"
Inicia la jornada levantando y tumbando tarimas. Como unas 3 horas, suerte que compré sombrero porque el sol estuvo cabrón. Hice pareja con Daniel, entre lo que platicamos me dijo que El Viejo, el cachorrito negro había muerto ayer en la tarde; que trataron de hacer todo lo que pudieron, le dieron de tomar aceite y luego leche, pero no le pudieron quitar lo enyerbado; que Valente estuvo llorando un buen rato abrazado del perro antes de darle sepultura.
Estibando tarimas
Después de las tarimas me tocó trabajar con Valente en la máquina para lavar ciruela, él se paraba al final de una escalera junto al inició de un tambor giratorio. Yo me subía a una tarima levantada por un montacargas a unos dos metros del suelo, mi chamba era pasarle las cajas de 13 kilos cada 5 segundos, abiertas y a la altura del hombro a Valente; cada tarima tiene 80, eran unas 10 tarimas. Mientras tomábamos un descanso se acercó una secretaria para preguntarme por mi tarjeta (al llegar todos entregan su tarjeta al mayordomo y la recogen al salir), como no tenía me llevó a tomar una foto, revisó la aplicación que llené el sábado y una media hora después ya tenía mi tarjeta con una foto en la que salgo fatigado y con el nombre de Uvilialdo Oropeza, quien por cierto pasó a dejarme la mochila con mi computadora donde escribo ahora, supongo que el cuaderno se quedará en la maleta por un rato. En algún momento me preguntó que cómo había dormido y presentí que iniciaría la carrilla, le respondí que bien, en el piso con unas cobijas y le pregunté lo mismo a él. Cambió su semblante y comenzó a hablarme del perro. Para cuando acabamos de descargar terminé con la fuerza de un fruto deshidratado. Como terminamos tronadísimos nos hicimos weyes unos 20 minutos lavando la máquina esperando la hora del lonche. Fui por una manzana y una pepsi al comedor y me senté en una banca afuera; frente a mí estaban un grupo de mujeres indias cotorreando y comiendo, estuve escuchándolas y no entendía nada pero puedo suponer que hablan algo así como Hindglish.
Escuchando el hindglish
Después del lunch me tocó descansar un poco lo único que tenía que hacer era mover con una pala unos duraznos deshidratados que sobraron de la temporada pasada, lástima que duró sólo una media hora. De ahí me mandaron a volver a alimentar la otra máquina, me volvió a tocar con Juan, renegó de estar conmigo. Me volvió a poner una chinga. Me encaje unas 15 astillas en las manos, me saqué todo excepto una que se me enterró en el índice de la mano izquierda, me abrí y me saqué un pedazo pero el resto está muy profundo como para darle con el cortaúñas.
Preparamos de comer flautas de carne molida y arroz, Luis inició a cocinar mientras me bañaba y yo terminé mientras él hacía lo mismo. Comimos y prendió la tele, puso la segunda parte de Narnia, me dice que le gusta ver la tele mientras come; en realidad no la ve, pero siempre la tiene prendida. Terminé de comer y seguí viendo la película, me llamó la atención que un enano le decía a una niña sorprendida porque un oso que antes hablaba y era amable ahora la atacaba que si los tratas como animales se comportan como animales.
Traté de conectarme a internet pero fue imposible, tengo por lo menos unas 10 redes disponibles pero todas con contraseña. Luis me dijo que tenía un aparatito para tener internet portátil, sólo tendría que pagar la mensualidad, espero que quede este fin de semana.
Ahora Luis está limpiando, yo recogí la cocina hace rato cuando salió con sus amigos, pero creo que esa limpieza que me conmovió al entrar al departamento por primera vez es producto de mucho trabajo. En 5 o 10 minutos trapeó, lavó el baño y atomizó suavitel a la alfombra para que se le quite el olor de lo que cocinamos. Y eso que según me dijo mañana será el día de hacer quehacer. Limpió porque quizá vengan unos amigos para invitarlos a una organización que lucha en favor de los derechos homosexuales, a él no le gusta, se le hace como victimizarse; pero tampoco le gusta “hacerse del rogar” cada vez que le llaman.
Van llegando sus amigos, son una pareja de unos 40 años, por el espanglish supongo que llevan mucho viviendo en el gabacho. Se sentaron en el comedor e iniciaron hablando sobre la organización. Hablan sobre ejercicios vivenciales para apoyar a homosexuales. Todo sonaba poca madre hasta que le dijeron que participar tenía un costo, 75 dólares por persona.

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